Fran es un gil. Para algunos, esto resulta redundante. Y para otros, una contradicción intrínseca. Pero no caben dudas de que, por lo menos en este caso, Fran fue un gil.
El lunes de la semana pasada había llegado de Barcelona, y al día siguiente por la noche comenzaría su viaje hacia Londres. Aprovechó que el miércoles no tenía clases (ah, sí, Fran está estudiando en Salamanca) y en pocas horas organizó su viaje a la capital inglesa.
El miércoles llegó a la madrugada al aeropuerto de Stansted (más alejado que Ezeiza del centro de Buenos Aires, como para tener una idea), e hizo lo que se prometió no hacer: fue en el primer transporte que se le cruzó. Fue en un micro que lo dejó en la otra punta, y se dio cuenta luego de que había mejores opciones.
Con un mapa conseguido en el aeropuerto comenzó a caminar hacia su hostel, aún sabiendo que era bastante lejos. Ese miércoles se juntaron varios factores, a saber:
-Fran durmíó en el aeropuerto, en el avión y en el micro. Es decir, no muy bien;
-caminó con la mochila más de lo que tenía previsto y se cansó;
-se avivó de que había dejado la tarjeta de memoria de la cámara adentro de la compu. Sí, la compu en Salamanca;
-le dijeron que no había chances de conseguir entradas para ver al Arsenal, uno de los mayores objetivos del viaje (luego será detallado);
-Inglaterra le despierta uno de los pocos sentimientos nacionalistas no deportivos que tiene, que son las Malvinas;
-se dio cuenta de que todo era tan caro como suponía;
-hacía más frío del que previó (en Salamanca tuvo un falso verano hasta la semana pasada).
Es decir, Fran había llegado no muy bien predispuesto y las cosas no se le venían dando de la mejor manera. Obviamente, por gil. En 17 minutos del primer tiempo, el partido estaba 0-2.
El jueves y el viernes se dispuso a conocer un poco mejor la ciudad. Hizo un tour, visitó varios museos, pudo admirar un poco más esta ciudad de muy linda arquitectura (todas las cuadras tienen algo copado) y muy limpia (aunque sin tachos de basura, no se entiende bien). La zona cercana al río está buena, es linda para caminar. Los puentes (London Bridge, Millenium y demás) tienen su encanto. Y Fran tuvo bastante suerte, porque tuvo más sol del que suponía. Apenas lloviznó el miércoles a la tardecita, cuando estaba adentro de un museo.
Hyde Park. Enorme y estético.
Panorámica. London Eye a la izquierda; Big Ben de fondo a la derecha.
De a poco la ciudad lo fue atrapando, y de pronto se llegó al descuento. A esto se suma que consiguió una tarjeta de memoria no tan cara y que le dijeron que era posible conseguir entradas para ver al Arsenal. Fran estaba de mejor humor y era un 2-2 a esa altura.
El sábado a la mañana jugó su ficha clave. Fue al Emirates Stadium para ver si conseguía entradas. Si no había, igual quería conocer el estatio. Pero había y consiguió. Fue el 3-2 con expulsión para el rival. Es decir, quedaba toda la presión, el partido no se podía escapar. El sábado siguió redondo por una larga caminata por el Hyde Park (de lo mejorcito).
El domingo la secuencia fue: final del mundial de rugby en el hostel (estaba todo dado para el Maracanazo del rugby, pero Nueva Zelanda aguantó) y luego a ver a los Gunners, lo que será ampliado en otro momento.
El partido estaba 4-2 y definido, y sólo quedó lugar para un raro encuentro con un yanqui en el aeropuerto. Muy buena onda, miraron juntos en la compu del muchacho que iba a Barcelona El último samurai.
Ah, y después de estar por primera vez en una ciudad con un idioma no latino (ni castellano, catalán, gallego o portugués, como en los casos anteriores), se dio cuenta de que, si bien es un cavernícola con el inglés, un poco se las puede rebuscar. Y no le des un par de meses porque termina con el acento de Sean Connery (?).
Qué lindo este post Franio! besos
ResponderEliminarMuy buena prosa! Ya extraño estar alla...
ResponderEliminarabrazo,
ssp