En general, este medio de
transporte no es muy popular en estas zonas. La red ferroviaria es muy buena
(aunque muy costosa), hay vuelos muy seguido (aunque no encontraron ninguno
conveniente) y sobre todo porque mucha gente tiene carro. Un viaje de 8 horas, como el que hicieron, es visto casi
como una proeza. En Argentina es mucho más común, y seguramente por eso allí
los micros son bastante más cómodos. Pese a ser, con suerte, un semicama, Fran
durmió bastante durante la noche.
Llegaron por la mañana, se
alojaron en pleno barrio Gótico. Parece sucio e inseguro, con calles mínimas y muy antiguas en las que no entran autos. Inseguridad cero (salvo por la gran cantidad de hurtos, según cuentan como en toda la ciudad, pero cero violencia), y con la Plaza Real muy cerca. Mucho marroquí, paquistaní y bengalí, que ofrecen en todas las esquinas latas de cerveza a un euro (y otras cosas también).
Ángulo amplio. Desde el Palau
Nacional de Montjuic.
Luego empezaron la recorrida, que será desarrollada
en post siguientes, en una especie de hemorragia bloguera. El domingo viajaron
en el mismo horario y medio de transporte para el regreso, y Fran volvió desde Madrid
en tren a Salamanca.
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