miércoles, 11 de enero de 2012

Stade Charléty, o ¿lo digo o no lo digo?

La liga de fútbol de Francia está en receso, volverá a la actividad la semana próxima. Una picardía no haber podido ver en la cancha a Javier Pastore, con quien Fran tuvo amor a primera vista cuando debutó en un River 3, Huracán 3, con Cappa de técnico. Junto con Agüero, deberían ser piezas claves de la selección por lo menos hasta 2014. Sic sic (?).
Como fútbol no se podía ver, y en París hay dos estadios con mucha facha como Saint-Denis y Parque de los Príncipes (final y tercer puesto del mundial ´98, respectivamente), Fran averiguó por el rugby, en el cual la liga francesa es una de las más importantes del mundo, y además juegan varios argentinos.
Y así fue, sobre la hora. Fran había sacado pasajo para el domingo 8 a las 7, y el partido era el sábado a la tarde. Stade Français contra el Castres, por el Top 14. En el primero, uno de los más ganadores en los últimos años y famoso por haber clavado casaca rosa, juegan Felipe Contepomi y Martín Rodríguez Gurruchaga, dos de los Pumas más puteados por Fran. Pero grandes jugadores igualmente. Y claro, en el club los quieren, no patean a los palos…

Scrum en la mitad de la cancha. Los argentinos, en posición (?).

El rugby es uno de los deportes que Fran más disfruta para ver, detrás del fútbol, cerca del básquet, y por encima de tenis, hockey, golf, box, lanzamiento de boludeces y lo todo demás –vale aclarar que polo y automovilismo son castigos a los ojos–. Pero nunca había visto un partido en vivo –a diferencia de los primeros cuatro otros deportes nombrados.
El estadio no fue ninguno de los dos nombrados, sino Charléty, que es lindo y chico. 20 lucas de personas entran, y no estaba ni al 30% de su capacidad. La pista de atletismo le queda contra natura, porque pierde la principal ventaja de los estadios chicos, que es poder ver de cerca –en cambio al Monumental la pista le hace a su estética. Objetividad mode on (?)–.
El partido arrancó con un Stade Français demoledor. En veinte minutos, había llegado cuatro veces y había hecho cuatro tries convertidos. Más efectivo que el Boca de Bianchi. 28-0 arriba. El Castres tenía menos defensa que Somalía y menos tackle que Quesada. Buenas participaciones del Contepomi pelado, se destacó bastante jugando de apertura. A esa altura, el partido parecía, en palabras de Walter Nelson, recontra liquidado.
El Castres no paró de equivocarse en las decisiones con penales a favor en campo contrario. Finalmente llegaron al descuento cuando faltaba poco para el entretiempo, al que se llegó con un 28-7. El visitante tuvo bastante posesión que no pudo trasladar al resultado, por lo que seguía habiendo una diferencia amplia, más allá del emparejamiento en el juego. Tampoco pudo aprovechar demasiado el jugador de más que tuvo por diez minutos.

Atardecer a las 4 de la tarde. Patada a los palos fallada y penal en contra.

En el segundo tiempo, los de rosa aprovecharon para buscar variantes en ofensiva, y hasta se los veía casi displicentes por pasajes. No pasaron grandes cosas –más que tries, fueron nueve en total, algunos lindos–, y el match terminó 38-21. No se sumó de a tres, ya que los penaltis a los palos y el drop ejecutados fueron errados.
Contepomi cerró una buena participación, mientras que Rodríguez pasó más desapercibido dentro de un rendimiento obviamente bueno. Era fácil diferenciarlos. Uno por la pelada, otro por las medias bajas. 
Además de la experiencia del match, Fran se llevó dos cosas. Una pista artificial de nieve de unos 3 metros de alto por 10 de largo (muy aproximadamente) en donde los chicos se tiraban, dentro del anillo exterior del estadio. La otra es literal: un vaso de plástico de medio litro, muy lindo, que te daban cuando comprabas cerveza.

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