[Tercera persona: mode off]
El domingo pasado, Cristina
Fernández logró una tremenda victoria en las elecciones. Inobjetable desde todo
punto de vista. Casi cuarenta puntos le sacó al segundo, realmente
impresionante. Una flawless victory
del Mortal Kombat.
Si bien nunca me consideré
kirchnerista ni me sentí cercano al proyecto, vale la pena replanteárselo.
Sobre todo porque hay mucha gente que considero valiosa, buena e inteligente
que votó por la reelección y que desde hace tiempo considera que se hacen bien
las cosas.
Lo cierto es que se han hecho
algunas cosas buenas. Es innegable que hay menos pobreza, que la economía se ha
reactivado y que se han llevado a cabo políticas muy positivas, como la AUH, Conectar
igualdad, y demás.
En cuanto a la economía, no soy
de los que consideran que es todo gracias a este gobierno ni los que creen que
todo se debió a un viento de cola. Creo que se acertó en continuar las
políticas económicas de Duhalde-Lavagna en su momento, pero también creo que el
contexto difícilmente podría haber sido más favorable.
Pero ya ha pasado mucho tiempo, y
seguimos con leyes e impuestos de emergencia económica. ¿No estábamos tan bien?
¿No pasó entonces la emergencia económica? Seguimos también con un IVA del 21%.
Se hace muy cuesta arriba sostener un argumento de distribución de riqueza
cuando el impuesto más regresivo por definición es tan alto.
Sí, la economía ha mejorado.
Pero, ¿la inflación? Bien, gracias. No, no es algo secundario que se pueda
dejar pasar por otros objetivos alcanzados. La inflación golpea a los
asalariados, a los que no tienen la capacidad de poner precios. Los que más
tienen siempre tienen más posibilidades de acomodarse. Sí, los sindicatos (súper
democráticos) han protegido a los trabajadores y han logrado muchos aumentos. ¿Y quienes están afuera? ¿Los que no tienen un
trabajo en blanco? ¿Y los monotributistas (muchos trabajando en el estado)?
Pero la constante inflación
genera algo peor. La explosión del consumo ayudó a generar trabajo y a reactivar
la economía, es cierto. Pero si la coyuntura nos induce a consumir, nos
desincentiva a ahorrar. Si no tenemos perspectivas ni posibilidades de invertir
o ahorrar, no sólo se produce un problema económico, sino psicológico-social.
La cultura del ahorro es muy importante para una sociedad, el poder proyectar
hacia el futuro. Pregúntense por qué Japón se convirtió en potencia, después de
varios años, después de haber estado devastada tras la Segunda Guerra Mundial.
Quiero decir: la economía mejoró,
es evidente. Pero no tengo dudas de que las cosas se podrían haber hecho mucho
mejor. Y no hablemos de la industria.
En cuanto a muchas de las
políticas implementadas, creo que han tenido fines muy buenos. Pero la
implementanción creo que ha sido muy deficiente y la concepción me parece aún
peor. La confusión entre estado y gobierno ha sido tan frecuente como nociva en
nuestro país. Me valeré de un ejemplo para ilustrarlo.
En una de las propagandas de las
elecciones, se podía escuchar a Braian Toledo hablando acerca del subsidio que
ha estado recibiendo. Toledo es uno de los atletas más importantes que ha
surgido en los últimos años, una esperanza
para el deporte local. Resulta muy difícil en muchos casos dar el salto
hacia la alta competencia, y no veo mal que el estado se haga presente.
Pero en esa propaganda se lo
escucha relatar un encuentro con Cristina Fernández, quien, según él cuenta, le
dijo: “No te estamos regalando nada con esta beca. Vos nos estás regalando algo
a todos nosotros”.
En cualquier país que tenga una
seria política estatal, resultaría evidente que nadie le está regalando nada.
No haría falta decir nada. Él lo logró por sus méritos. En ese mensaje se deja
ver, desde mi punto de vista claramente, el mensaje contrario. Algo así como
“mirá que si no seguimos nosotros esto se te acaba”. Una especie de mecenazgo
que genera dependencia.
Va de la mano con la Asignación
“Universal” por Hijo. Hasta donde sé, universal abarca a todos. Pero mis
hermanos no cobran el subsidio por sus hijos. ¡Discriminación! Claro que sí.
Obviamente no creo que mis hermanos necesiten un subsidio para darle de comer a
mis sobrinos. Pero el hecho de que no sea realmente universal no genera
incentivos para progresar, para conseguir un trabajo digno. El estado debe
estar presente para quienes no tienen trabajo, me parece bien que exista la
AUH. Pero debe ser realmente universal. Esos $220 significarán un cambio
sustancial para quienes menos tienen, y serán casi residuales para los que
están por sobre la clase media. Eso de por sí genera redistribución, con la
misma lógica del IVA, pero al revés.
Yo creo que una reforma
impositiva realmente redistributiva podría compensar esos recursos que van
hacia quienes no lo necesitan, pero que deberían tener derecho a cobrarlo.
Esto sigue la misma lógica de lo
anterior: se mejoran situaciones, pero no se otorgan derechos y se genera
dependencia. Por lo menos, los Rodríguez Saa lo plantean de frente. Y lo
gestionan mejor.
Pero todo esto en el fondo es
relativo, opinable, casi volátil. Lo que más me preocupa es otra cosa. Todo
este proceso se ha asentado sobre los Othacehe, Ishii, Descalzo, Moyano,
Schoklender, Antonini Wilson, Miceli, INDEC y siguen las firmas… Quiero decir:
prácticas nefastas, clientelares, corruptas, anacrónicas, mentirosas. Si eso es
parte del proyecto, jamás podré sentirme parte del proyecto ni intercambiar
opiniones con alguien de forma seria. Lo considero el mínimo exigible. Si me
dicen “Es cierto, pero…”, creo que no hay “pero” que me pueda convencer. No
imagino fines que puedan justificar tales medios.
No creo que sea algo relativo. Si
empezamos a justificar algunas de esas cosas, no habrá forma de saber dónde
parar. Y no son hechos aislados, creo que son parte inseparable y nuclear del
proyecto.
Por eso es que no entiendo cómo
finalmente Martín Sabbatella terminó con el gobierno. El otrora paladín de la
transparencia y la honestidad, de intachable gestión municipal, termina aliado
a quienes demonizó siempre. Después de ocho años no creo que la Presidente
realmente quiera sacarse de encima a los viejos intendentes del conurbano. Y
sólo lo usó para tener un porcentaje mayor al de Scioli y para dejar contentos
a los votantes 678.
No es algo romántico e iluso.
Creo que sólo con diferentes valores y principios podemos sacar al país
realmente hacia delante de forma integral.
Y el otro tema es la
confrontación como forma de hacer política. Nosotros o ellos, nacional y
popular u oligarca, peronista o radical, River o Boca, unitarios y federales…
Coincido con Cristina Fernández con que la neutralidad no es un valor. Pero de
ahí a que todo sea blanco o negro, de una vez y para siempre, en todos los
aspectos y a muerte... Creo que no está bueno. Si queremos construir un país lo
debemos hacer entre todos, y no remarcando ganadores y perdedores a cada paso.
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