Tras concluir sus trámites universitarios, recorrer bastante Salamanca y antes del comienzo de sus clases, Fran decidió ir de viaje a Portugal. De forma más precisa, a Porto. 352 son los kilómetros que separan ambas ciudades.
Partió el jueves 22 por la mañana. A las 11 horas salió el micro desde la terminal, y antes de las 16 estaba en Porto (ganó una hora por la diferencia horaria).
Se dispuso a hacer lo que más le gusta en estos casos. Cazar un mapa e ir a recorrer a pie.
La ciudad está buena. Pero a su criterio, no mucho más. Es pintoresca, aunque está medio descuidada. La mejor parte es la aledaña al río Duero. Los puentecitos están buenos. Son bastante altos, y a Fran le dio un poquinho de vértigo cuando estaba arriba.
Juega neblina. La visibilidad no era de 10 kilómetros.
Puente. Por arriba, el metro; por abajo, autos.
Fran tuvo un poco de suerte en este viaje. Por dos cuestiones sobre todo. La primera, como ya se ha contado, enganchar Porto-Benfica. La segunda, que alquiló una habitación compartida en un hostel. Pero como se confundieron (no quedaba lugar en lo compartido), le dieron una habitación matrimonial con baño privado para él solo. Una ganga.
Gastronomía
La comida portuguesa dejó, para su paladar, bastante que desear. Había muchas cosas que podrían ser ricas, pero eran horribles. Por ejemplo, una medialuna de jamón y queso es un gran invento. Pero acá había cosas del estilo que costaba pasar por el paladar.
Vino
Una de las atracciones de Porto son sus vinos. Hay varias bodegas a orillas del Río Duero. Casualmente (?), acá es donde se hace el... sí, el Oporto. Fran quiso ir a alguna visita guiada, pero acá tuvo un poco de mala suerte y mala predisposición, por lo que al final no hizo ninguna. Igual cargó a su bolso un par de botellas de tinto.
Regreso
El domingo salió el micro de regreso a las 20.30 horas. Fue un viaje un tanto extraño.
Fran se ubicó alrededor de la mitad del micro. Siempre pasillo, para estirar mejor los pies y no molestar para ir al baño. Al fondo había alrededor de ocho africanos (según dedujo por el color de piel) en formato familiar. Uno no bebé arrancó a llorar por varios minutos. La cosa había arrancado mal.
A Fran le empezó a doler bastante la panza y empezó a sentir ganas de vomitar. Dejó de escribir y trató de descansar. No pasó a mayores el tema, más allá del malestar que le duró un rato.
Pero lo mejorcito fue el tema chofer. El micro no parecía muy seguro.. Hubo un par de clavadas de freno, y un cartel (estilo los de contramano) mordió todo el costado izquierdo. Esto provocó alguna queja y algunas miradas cómplices entre pasajeros desconocidos.
Un par de horas después de arrancar el viaje, el chofer se puso a hablar con una de las pasajeras. Casi a los gritos. El hombre que estaba justo adelante de Fran, y que había refunfuñado antes por las maniobras, metió un grito de queja. Todo en portugués (aclaración: el portugués de ahí no es como el de Brasil, en donde hablan como si se estuvieran riendo todo el tiempo. Es mucho más cerrado y amargo).
El conductor frenó, se dirigió hasta la mitad del pasillo y se le plantó al pasajero. Le dijo que no era un hotel, que podía hablar, poner música y demás. Que conocía sus responsabilidades y que tenía que asegurar seguridad y tranquilidad (lo dijo muy sobresaltado y varias veces. Parecía un chiste. Además, era lo que más faltaba hasta el momento).
Al rato hubo dos paradas de unos 10, 15 minutos. Sin sentido aparente, a excepción de intentar provocar que los pasajeros compren algo en las tiendas de las estaciones de servicio.
Luego, con el ambiente aún caldeado, y alrededor de las 12, 1 una la mañana, el chofer dejó prendidas las luces (después de jugar un ratito, prenderlas y apagarlas, meter efecto boliche) y puso música. Arrancó con 1, 2, 3 de El símbolo (orgullo argentino), y siguió con Suavemente de Elvis Crespo. Mala leche...
Fran, obviamente, pudo dormir igual. Aunque con cierta intranquilidad por pasarse (luego de Salamanca, el micro seguía hasta Madrid). A eso de las 3 arribó a la terminal y clavó taxi hasta su casa. Y siguió durmiendo.
jajajajajaja, estalle con el paso a paso del viaje, que mal la estoy pasando habras pensando seguro.
ResponderEliminarvoy a leerte mas seguido para no extrañarte tanto camarada. el parroquial te extraña, si no ni vas para eso.
saludos desde capital federal. que triste decir eso mientras que vos estas alla jaja.
te quiero!