El retorno a Barcelona se produjo durante una fuerte ola de frío polar. Esta ciudad no se conoce justamente por sus bajas temperaturas, sino al contrario. Los habitantes no están para nada acostumbrados a que no haya grados centígrados, a diferencia de los salamantinos. Pero Rodrigo bueno, el frio catalán fue lo que le tocó a Fran.
En su anterior visita, Fran había podido conocer muchos de los lugares recomendados de la ciudad. Le quedaron principalmente tres según lo que priorizó, que fueron los que fue a conocer. Uno fue el Camp Nou, de lo que se habla en el post anterior. Los otros dos van a continuación.
Gaudí, capo
Fran ya había conocido la Sagrada Familia y el Parc Güell, tal vez las dos cosas más grosas de este artista local.
Llegó un viernes a la tarde a la ciudad, y aprovechó para conocer un par de casas hechas por él: La Pedrera y Casa Batlló.
A la primera pudo entrar. Había una muestra de arte, con altibajos. Algunas cosas estaban buenas, otras hasta un quiero. Está situada en una esquina, como se ve en la foto. Es grande, y la verdad es que está buenísima. "Creo que una de las cosas por las cuales Barcelona es tan genial es porque en un punto todas las casas intentan ser este tipo de casas. No ser una más, sino tener una vuelta de tuerca más para ser más estética", sostuvo Fran.
Casa Milá. Para los amigos, la Pedrera.
Casa Batlló está muy cerca sobre la misma calle, el Paseo de Gracia. El Paseo de Gracia es una calle que va perpendicular al mar, aunque no llega. Muere en la Plaza Catalunya, y es muy linda. Doble mano, boulevard en el medio. Muchos árboles, veredas anchas. Mucha gente también, es céntrica. Y por si hacía falta, tiene estas dos joyas.
En este caso, no es una esquina, sino a mitad de cuadra. Y Fran llegó tarde para entrar, por lo que se tuvo que conformar con verla de afuera.
Casa Batlló. Paseo de Gracia al 43.
También es muy linda, y la iluminación acompaña muy bien.
Dalí, crá
Fran ya había visto algunas cosas de Dalí en museos varios. Sobre todo en París, justamente en el Espacio Dalí. Sin embargo, más de una persona le había recomendado que vaya a Figueres, el pueblo donde nació.
Figueres está a poco más de 100 km. de Barcelona, y a 30 km. de la frontera con Francia.
Después de ver al FC Barcelona el sábado a la noche, Fran se levantó temprano el domingo para tomar el tren hacia Figueres. Dos horas de viaje después llegó a este pequeño pueblo. Lo más atractivo que tiene, a lo que fue Fran, es el Teatro-Museo Dalí. Ahí hay, obviamente, un montón de obras de arte de él. Pero la magia que tiene radica en que es un espacio pensado por él. Y si está pensado por Dalí, suele ser una locura total.
Esquina. Árboles, torre, huevos y planetario.
Meterte en ese edificio es una especie de viaje en sí mismo. Tiene otras reglas de juego que la vida real, de alguna manera. Es grande, lleva un par de horas recorrerlo. Pero casi nunca baja la intensidad por la cantidad de cosas que tiene
En el centro, patio abierto. Si ponés una moneda, llueve adentro del auto.
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