viernes, 16 de marzo de 2012

Berlín, o por qué los alemanes son alemanes

El frío llegó un poco tarde al hemisferio norte este año. Enero fue pasable, pero febrero se las trajo con todo. Para colmo, a Fran le quedaba la etapa más fría de su viaje: Berlín, Praga, Munich y Viena.
Su llegada fue tal como lo suponía. El golpe de frío fue instantáneo y fuerte, ya a la salida del aeropuerto. El día estaba soleado, pero lo grados brillaban por su ausencia.
A la tarde llegó al hostel, se acomodó, se abrigó de formas que no concebía posibles y salió a recorrer un poco. Quince eran los grados centígrados que sobraban para que se pueda congelar agua.
Caminó un buen rato por la ciudad. Mucha nieve. Le quedaba bien a la ciudad. Al rato aflojó en un bar para tomar un café y calentarse un poco.

Plaza de Marx y Engels. A la izquierda, Alexanderplatz.

A pesar de que no son inverosímiles esas condiciones climáticas en ese lugar, tampoco es que todo el año viven así. La cuestión es que durante los tres días que estuvo en Berlín, se cruzó con un montón de alemanes a la tardecita que habían salido a correr. El sol ya había bajado y Fran no podía con su alma. Y los tipos, con calcitas y alguna boludez onda neoprene, trotando por la calle como si nada.
Si pueden hacer eso, obviamente pueden reconstruir el país después de la GM II, o cualquier cosa que se te ocurra.

Desde un puente. Dicen que hay un río abajo.

The wall
Antes de que miles de personas vayan al mejor estadio de la Argentina a ver a Roger Waters, Fran fue a ver uno de los muros más grosos. El que dividía a RFA de RDA, el que sitiaba a Berlín Occidental dentro de la Alemania Oriental.
Aún queda kilómetro y medio visitable. Está pintado por diversos artistas, y en general está bastante bueno. Algunas cosas, como esta, se entienden bastante. Otras son como más... abstractas.

Sorpresa. No aparece el de San Isidro – San Fernando.
Museo
Para variar, Fran fue al museo de arte contemporáneo local. Para variar, le gustó. Se encontró con tres buenas noticias.
La primera, una muestra de Tomás Saraceno, un tucumano. Fran no lo conocía, pero le gustó mucho lo que vio. Un espacio enorme, con círculos de plástico a los que se podía acceder y se accedió, en patas–, sogas de una punta a la otra y demases. Va foto ilustrativa.

Arte. ¿Plástico o burbujas sacadas del Bubble Bobble?

La segunda, obras varias de Andy Warhol. Fran había enganchado alguna suelta, pero acá pudo ver varias. Crack el muchacho admirado por el otrora jefe de gobierno porteño. La última, se encontró con una proyección de Anri Sala, el albano que le había gustado en la Serpentine Gallery de Londres. Pero como estaba por cerrar el museo, fue todo un poco acelerado.

lunes, 5 de marzo de 2012

Barcelona, la revancha

El retorno a Barcelona se produjo durante una fuerte ola de frío polar. Esta ciudad no se conoce justamente por sus bajas temperaturas, sino al contrario. Los habitantes no están para nada acostumbrados a que no haya grados centígrados, a diferencia de los salamantinos. Pero Rodrigo bueno, el frio catalán fue lo que le tocó a Fran.
En su anterior visita, Fran había podido conocer muchos de los lugares recomendados de la ciudad. Le quedaron principalmente tres según lo que priorizó, que fueron los que fue a conocer. Uno fue el Camp Nou, de lo que se habla en el post anterior. Los otros dos van a continuación.

Gaudí, capo
Fran ya había conocido la Sagrada Familia y el Parc Güell, tal vez las dos cosas más grosas de este artista local.
Llegó un viernes a la tarde a la ciudad, y aprovechó para conocer un par de casas hechas por él: La Pedrera y Casa Batlló.
A la primera pudo entrar. Había una muestra de arte, con altibajos. Algunas cosas estaban buenas, otras hasta un quiero. Está situada en una esquina, como se ve en la foto. Es grande, y la verdad es que está buenísima. "Creo que una de las cosas por las cuales Barcelona es tan genial es porque en un punto todas las casas intentan ser este tipo de casas. No ser una más, sino tener una vuelta de tuerca más para ser más estética", sostuvo Fran.

Casa Milá. Para los amigos, la Pedrera.

Casa Batlló está muy cerca sobre la misma calle, el Paseo de Gracia. El Paseo de Gracia es una calle que va perpendicular al mar, aunque no llega. Muere en la Plaza Catalunya, y es muy linda. Doble mano, boulevard en el medio. Muchos árboles, veredas anchas. Mucha gente también, es céntrica. Y por si hacía falta, tiene estas dos joyas.
En este caso, no es una esquina, sino a mitad de cuadra. Y Fran llegó tarde para entrar, por lo que se tuvo que conformar con verla de afuera.

Casa Batlló. Paseo de Gracia al 43.

También es muy linda, y la iluminación acompaña muy bien.

Dalí, crá
Fran ya había visto algunas cosas de Dalí en museos varios. Sobre todo en París, justamente en el Espacio Dalí. Sin embargo, más de una persona le había recomendado que vaya a Figueres, el pueblo donde nació.
Figueres está a poco más de 100 km. de Barcelona, y a 30 km. de la frontera con Francia.
Después de ver al FC Barcelona el sábado a la noche, Fran se levantó temprano el domingo para tomar el tren hacia Figueres. Dos horas de viaje después llegó a este pequeño pueblo. Lo más atractivo que tiene, a lo que fue Fran, es el Teatro-Museo Dalí. Ahí hay, obviamente, un montón de obras de arte de él. Pero la magia que tiene radica en que es un espacio pensado por él. Y si está pensado por Dalí, suele ser una locura total.

Esquina. Árboles, torre, huevos y planetario.

Meterte en ese edificio es una especie de viaje en sí mismo. Tiene otras reglas de juego que la vida real, de alguna manera. Es grande, lleva un par de horas recorrerlo. Pero casi nunca baja la intensidad por la cantidad de cosas que tiene

En el centro, patio abierto. Si ponés una moneda, llueve adentro del auto.