Fran se fue de viaje. A Italia en este caso, a hacer una recorrida por varios lugares. El primer destino ha sido Milán, desde donde escribe. Llegó en
el mes de noviembre, el día 23. Arribó al aeropuerto por la mañana, con una idea fija en mente: por la noche jugarían Milan y Barcelona. Hoy por hoy, es uno de los mejores partidos entre clubes que se pueden llegar a ver en el mundo, según su visión. Aunque en realidad sólo jugaban por ver quién era primero y quién segundo en un grupo muy tranquilo de la Champions.
De más está decir que sabía que las entradas no serían baratas. Había averiguado para conseguir antes de viajar, pero era imposible. Hasta un compañero italiano contactó a su amigo milanés, pero como las entradas llevan nombre, tampoco se las podían sacar por él. Le quedaba la ficha de llegar ese día y ver qué onda. Ya le había salido ir a ver al Arsenal contra todos los pronósticos, le podía salir esta.
Y así fue. Después de instalarse en un hostel y conocer un par de lugares, se dirigió a San Siro. El estadio donde hacen de local un equipo muy grande y otro muy pequeño. Un equipo donde los jugadores brillan con más de 33 años y 85 kilos y otro que puso a Simeone de delantero una vez. Un equipo es el Milan, y el otro, el Inter.
El estadio, por afuera, es muy tremendo. Los accesos son muy llamativos y facheros, como se puede ver.
Sin escaleras. Aparentemente, no hacen falta para subir.
A un par de cuadras del estadio, un kosovar le sacó charla a Fran. Es, por lo menos, el tercer encuentro entre extraño y muy extraño que tuvo Fran en su viaje. El tipo también iba a buscar entradas. Unos 200 metros antes de llegar, un revendedor les ofreció entradas a 300 euros cada una. Les pareció un poco caro y dejaron pasar. Además, es ley que nunca hay que comprar al primero que ofrece en esos casos.
Llegaron al estadio y, a sólo 7 horas del partido, como era de prever, estaba todo agotado. Se encontraron con otro revendedor. Este ofrecía a 400 cada una, pero rebajó hasta dos por 700. Una ganga (?). Después de dar una vuelta al estadio, el kosovar de ciencuenta y pico/sesenta años se dio por vencido. Pero Fran, no. Después de un rato se encontró con otro más, que le ofreció a 400, pero se mostró más interesado. Fran le dijo que hasta 200 llegaba. El tipo le dijo que no, pero que "dopo". Es decir, si más tarde, a eso de las 18, no la había vendido, tal vez la podría conseguir por ese dinero.
Fran se fue a almorzar y a dar una vuelta. Volvió pasadas las 18 con la idea de, en principio, buscar al mismo tipo. Pero si no lo encontraba, tal como ocurrió, había pensado lo siguiente: si bien es un partido de gran convocatoria, San Siro aguanta a más de 80 lucas de personas, es uno de los más grandes de Europa. Habrá más revendedores que gente que quiera comprar entradas, por lo que, más cerca de la hora del partido, el precio bajará. Oferta, demanda y determinación del precio, clarito. En ese momento sintió que sus profesores de Economía estarían orgullosos de él. Saludos a Cuca, Argolo, Gadze, Corallini, Palacios, Tellería y De la Vega (?).
A dos horas del match se puso a caminar nuevamente alrededor del estadio. Se encontró con, fácil, diez que querían comprar. Y ni uno solo que quería vender. Su previsión microeconómico se había ido a las chapas a esta altura. Se desganó un poco, aunque no tanto. Sabía que eran las reglas de juego.
Ese día había caminado unas cuatro o cinco horas, por lo que estaba medio cansado. Se sentó un rato, cuando tomó esta foto:
Previa de partido. Pocas cosas son más lindas.
Al rato, muy a su pesar, emprendió el regreso. No quiso ver por la compu el partido que Barcelona ganó 3 a 2. Finalmente, el precio más barato que se le ofreció fueron los 300 euros. Sí, el primero de todos...